"Las cerezas sabían mejor después de la temporada, cuando ella las sacaba de su congelador mágico y me las ofrecía entre sus dedos blancos y fríos".

Pintando

Ahora quiero retomar el proyecto del mundo que había esbozado para Alice. Porque siento que la he dejado un poco huérfana, abandonada a su suerte en esa especie de vacío físico.

Busco colores para pintar la nada que ha de rodear a la pequeña Alice, más colores que el de la arena que la envuelve ya. Colores acogedores, porque sé que en realidad, ella no quiere marcharse de allí. Será un cielo cambiante, al principio frío y solitario. Más adelante, las nubes se teñirán del color de los abrazos, pero el fondo continuará siendo gris, de un gris apagado alarmante. Un gris que indique que la verdad y los sueños van a dejar de ser lo mismo.

Alice será consciente, inconscientemente, de que al final todo se acaba, de que el mundo que pinto para ella no es más que eso, una pintura. Pero mientras, quiero procurarle un lugar suyo, sólo suyo (y de él, claro).

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